domingo, 4 de octubre de 2015

cañí y psicotrópica: la psicodelia para todos los públicos es española

Pues si. Puede que se la inventaran a medias en el Reino Unido y la costa oeste americana,pero nadie la llevó tan lejos como nuestros artistas sesenteros, ojo, los mas conocidos (y cañís) un par de años después, al menos en el aspecto visual. A las pruebas me voy a remitir

Ya de inicio la historia de como llegó aquí el gurú de esa psicodelia visual, Valerio Lazarov (¡el hombre que luego potenciaría tetacinco!) es asombrosa. Los capitostes de la tele franquista deseaban mostrar una imagen aperturista del régimen a través de la tele y en lugar de irse, por ejemplo, al Swinging London...se fueron a Bucarest, ¡a la Rumanía de Ceaucescu en busca de nuestro hombre! A una dictadura comunista con la que España no tenía relación...qué pensaría el bueno de Valerio...pues que dentro de lo malo...aquí había más solecito. Asi que hala, a cambiar dictadura por dictadura y a triunfar. Con Salomé, la cantante, jugando a la espía que fue al frío, en plan John Le Carré total. Surrealista y cañí. 

Valerio Lazarov, imaginación a la altura de las patillazas


El caso es que Lazarov marcó época, nada más llegar ideó un programa llamado...el irreal Madrid. Se había dado cuenta, evidentemente, de lo pesados que nos ponemos aquí con el fútbol y en concreto con ese club e introdujo una crítica sutil, usando a artistas como Massiel, Peret o....Joselito, cuando intentaba ser José a secas. Si no me creéis, aquí están las pruebas: 



El programa tuvo un éxito fenomenal y el estilo de Lazarov, encuadres imposibles, zoom fumeta y situaciones delirantes iba a marcar tendencia en España, en donde durante una década todos los artistas del momento se prestaron a grabar protovideoclips y actuaciones en la televisión absolutamente memorables...por absurdas. Dejando momentos y momentos que dejan al Syd Barrett de esos años como un icono del realismo social. Para muestra, unos botones. 

Por cierto, para que no digan, elogiemos la actitud de los grupos y solistas que participaron en estos desaguisados, entonces estrellas hispanas, sin una mala palabra ni un mal gesto, algo que no debía ser cosa fácil. No me imagino a Keith Richards o a Jim Morrison prestándose así como así a hacer algunas de las tonterías que vamos a contemplar: 



la copla meets la psicodelia...increíble. El príncipe gitano, muchos antes de la inenarrable versión de in the ghetto ya se atreve con un artista anglosajón de voz parecida a la suya (menudo ego se gasta el príncipe) aunque aquí, afortunadamente, la adapta al español. Y si ya una murder ballad galesa convertida en fandanguillo queda rara (me hace gracia que el príncipe gitano diga dilaila y no Dalila) el videoclip se sale. Con Joaquín Prat atracando a los transeúntes (el señor del bigotillo todo emocionado es único) el príncipe cantándole las penas a una abuelilla y un limpiabotas y todos los tópicos cañís en la Rambla barcelonesa, bailaora incluida. Único e inimitable 


Increíble. El Crooner más legendario que hemos tenido, en uno de sus temas más apasionados...y grabando un descacharrante videoclip. Porque tiene tela ver al malogrado Nino Bravo cantando virilmente esos te quieros metido en un cochecito de bebé, a una niña o a otra abuelilla (debían ser las extras ideales) Eso sí, se nota que se lo tomó con humor, esas sonrisitas intentando no partirse la caja delatan al valenciano



No hagáis la gracia de ponerse como las Grecas por mucho que venga a cuento...el género calorro también tuvo su coqueteo psicodélico con videoclips como éste, con cromas de señores con bigote, pintores de cuadro (ojo a la cara que ponen los dos) y las Grecas tirando de brocha gorda. 

  
Un grupo con el que tengo relación de amor odio...(siempre tiro más por el odio) pero que encaja perfectamente en el universo Lazarov, con ese legendario batería que siempre se mueve menos que las maracas de machín y el futuro presidente de Sega España, con esa sonrisa inquietante...como no ponerles con un cuadro de bailarines desmadrados y haciendo carreras de sacos, con ambulancias de la época y la publicidad del manicomio




Y para terminar (estas cosas hay que administrarlas en sus justas dosis) la joya de la corona. Una revisión a la española de odisea en el espacio mezclada con Manolo Escobar y Marisol vestida a ratos de marciana y a rato de faralaes, cantando en esperanto. Genial, único e irrepetible. 

  No me vengan con zarandajas. La psicodelia, como el piropo, es española... 


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