sábado, 30 de enero de 2016

2112 de Rush, 40 aniversario



El disco que todo fan de la banda canadiense conoce y venera (al menos el sector friqui que está pendiente de que el reloj marce las 21:12) está de aniversario redondo. Supongo que llegará la consabida reedición...mientras tanto, algunos de sus protagonistas lo están recordando por ahí y uno se entera, todavía, de cosas curiosas de los templos de Syrinx y demás material. 


Que lo sepas
Para empezar que cuando grabaron este disco, los de Toronto estaban apunto de irse al garete como banda, porque su tercer disco caress of steel no había funcionado bien. Ellos mismos estaban seguros de que 2112 sería su último disco, porque no solo no habían despegado sino que su compañía, Mercury, estaba perdiendo la paciencia por cosas como su canción the fountain of Lamneth en ese disco, que duraba 20 minutos y era prog rock puro...o sea un tema ideal para fabricar punkies, recordemos que es 1976...y es que a los Rush les pirraba el rock progresivo más clasicote, el de Genesis o Yes, que ya no estaba tan, tan en boga aunque le quedaba cuerda para rato. Para la era la gota que colmaba el vaso, Rush era un grupo que con esos tintes progresivos hacía hard rock setentero, habían teloneado a Kiss en su momento de mayor esplendor, no estaban consiguiendo hacerse un nombre, sus conciertos llenaban la mitad del aforo...Geddy Lee, Alex Lifeson y Neil Peart lo sabían y veían su futuro más negro que los cojones de un grillo, hablando en plata. Por eso decidieron pasar de todo y hacer lo que querían, despedirse a lo grande, si es que era el caso. Better burn out than fade away, que diría el paisano Neil Young. Grabarían otro tema de unos veinte minutos, basándose en una novela de ciencia ficción de una tal Ayn Rand, titulada Anthem, Y el resto, como suele decirse es historia. 

Curiosamente, pese a lo elaborado que parece ese tema, que ocupaba una cara entera del vinilo original, 2112 es un tema compuesto y grabado muy rápidamente, aunque aquí si acertaron al equiparar rock progresivo con hard rock, recordemos la parte de Overture y the temples of Syrinx. Sentian que sonaban bien y por eso se lanzaron a componer temas cortos en la otra cara, mostrar a esos Rush más enérgicos y directos, los de  a passage to Bangkok o something for nothing. Así a toda mecha. Rush y el productor Terry Brown terminaban una toma, se fumaban un porro, descansaban hasta estar limpios y vuelta al tajo. Así el disco estaba terminado en un mes.  


En Mercury por supuesto se quedaron a cuadros, pero gracias a un directivo, Cliff Burnstein, el mánager luego de Metallica y Def Leppard, que creyó en ellos, el disco salió a la luz. Y se montó una buena en el Reino Unido, con toda la agitación del punk y los neonazis que había entonces. Algunas revistas como el NME les tacharon de fascistas, ya que Ayn Rand, la autora de la novela original, era una escritora situada en la extrema derecha...algo que poco tenía que ver con los tres canadienses. Afortunadamente el follón no los hundió sino todo lo contrario, gracias al directo y al artwork de Hugh Syme, señor con el culo al aire incluido (curiosa costumbre setentera de las portadas) el disco se vendió bien y Rush superaron el bache, llegando a ser la banda longeva con más de cuarenta años de carrera. 




¡Rush y las Runaways de copas!
El 76 molaba




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