domingo, 20 de marzo de 2016

Viajes en la Tardis: Julio Iglesias, pionero de la globalización





Y aterrizamos...


ojo a la postura de Julio y la única chica...

En un nuevo viaje al pasado, la Tardis nos descubre al precursor de la globalización y la multiculturalidad, que fue nada menos que el español más universal, que no es el Quijote sino por supuesto Julio Iglesias. A él le debemos que en un tiempo ya muy lejano, mucho antes del google maps e incluso de las guías del Lonely planet, nos descubriera en la piel de toro lugares como la isla de Pascua o la paradisíaca Tahití. Y hablo totalmente en serio. 

Estamos en 1977 y nuestro Julio es un artista ya conocido fuera de la piel de toro, pero lejos todavía de los niveles de locura de los ochenta, con Chulius tirando de bronceado y terno elegante. A nuestro ya conocido Valerio Lazarov, adaptándose a la transición, se le había ocurrido una idea para promocionar artistas, como de costumbre entre genial y absurda: un documental turístico musical, en plan conceptual. Y hablo totalmente en serio. 

Porque eso es lo que fue (y hoy en día sería totalmente inviable) "Julio Iglesias al sur del Pacífico", un programa especial con nuestro héroe trasplantado de golpe y porrazo a la Isla de  Pascua chilena y a Tahití, para contarnos las bondades de esas lejanas tierras de ultramar, entre canción y canción suya. El resultado, por supuesto, es atómico: veremos al gran Julio dándose un garbeo por las famosas estatuas,
Leyendas de ayer y de hoy
 compartiendo plano con el ballet folklórico de la isla o dándose un paseo en velero, fomentando su moreno ya casi legendario o ligando con unas tahitianas locas por el asunto (El Julio Iglesias del "y lo sabes" estaba empezando a obtener resultados) Absolutamente único e irrepetible documento, en el que como muestra un botón, vemos a Chulius mano a mano con Albert Hammond, con una pinta más que sospechosa de haberse excedido ambos con los mojitos antes de ponerse a cantar. 


Pero ojo que la cosa no queda ahí. Saltamos unos años, a 1982 y nos encontramos nuevamente a Julio en Tahití protagonizando otro especial televisivo en un lugar paradisíaco, ya sí que sí a punto de convertirse en el fucker frontman definitivo de la década. Ahí se nos planta, sí en un documento más antológico si cabe que el anterior, con Chulius presentando el asunto dándose un bañito y luciendo pecho lobo, antes de insertar el clip de Quijote, ese temazo con el que suele abrir sus conciertos, toda una declaración de intenciones vital con sección de viento, en un yate, por supuesto con pabellón español, que es de lo que presume por donde va.

 

Pero ojo que enseguida viene amor con Julio sacando el repertorio clásico de tics, con uea y todo delante de un nuevo grupo folklórico para ponerse sin pausa melancólico con momentos, aparecer de marcha en la playa con las folclóricas y un par de turistas con pinta de estar casi en celo (y de muy bien ver) pero al día siguiente Julio por una vez parece que amanece solo y se nos pone a recordar a Nathalie en mitad de la hierba...antes de volver a salir de marcha con las de antes y arrancarse con si el amor llama a tu puerta, donde una tahitiana y una rubia le ponen ojitos, aunque no entiendan qué diablos canta Julio...y aún hay tiempo para que collar al cuello Julio se nos ponga melancólico otra vez con no me vuelvo a enamorar mientras el sol se pone sobre el horizonte de Tahití. Único. 


Julio Iglesias, un hombre que amplio nuestros horizontes como guía turístico sin dejar de cantar y ¡encima le dio tiempo a ligarse a Vaitiare, marcándose un Marlon Brando!


y lo sabes









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