domingo, 24 de abril de 2016

Jeff Healey


Siempre me parece que cuando se recuerda al guitarrista ciego canadiense, sobre todo a través de discos póstumos, falta algo, hacerle justicia, si no al músico (qué también) sí a la persona luchadora, estudioso y melómano que fue. 

La suya fue una biografía en algunos aspectos de película. Ciego desde que tenia un año a causa de un cáncer poco frecuente y al cabo de los años enfermo de los pulmones, con sarcomas en las rodillas y finalmente vencido, otra vez por el cáncer, nunca renunció a la música, ahí está ese estilo suyo de tocar con la guitarra en las rodillas, aunque al mismo tiempo que aprendía a tocar también empezó con su otra pasión relacionada con la música, presentar programas en radio de jazz y blues,aportando los discos que ya empezaba a atesorar en una colección que acabaría siendo espectacular. 

Bendecido por Albert Collins o Stevie Ray Vaughan, del que pudo tomar el testigo como gran esperanza blanca del blues rock, su debut, aquel see the light, fue una bocanada de aire fresco para el género, nos parezca ahora o no un  disco con sonido "domesticado" con el guiño de formar parte de la banda sonora de "de profesión, duro" (o roadhouse) una de esas comedias involuntarias que hay que ver una vez al año por lo menos, en la que incluso interpretaba un papel (bueno, realmente era él mismo) como músico de tugurio, demasiado bueno para los sobresaltos que causaban Patrick Swayze y compañía que cuando no le tiraban botellas a escena se liaban a palos o protagonizaban el peor striptease de la historia con su música de fondo: 


El caso es que por lo que fuera no consiguió consolidarse  a pesar de gozar de bastante éxito unos años, sobre todo en su Canadá natal, lo que no impidió que siguiera grabando y girando, volcándose incluso más hacia el Jazz, llegaría incluso a editar tres discos de clásicos de los años veinte y treinta, en los que tocaba la trompeta: 



 y potenciando esa otra faceta suya de divulgador de música "vintage" en radio, tirando de una colección propia que llegó a alcanzar la cifra de treinta mil discos, casi todos vinilos de 78 revoluciones por minuto, alguno de ellos incluso han sobrevivido a su muerte. Ni siquiera los problemas de salud en sus últimos años lo detuvieron, siguió girando hasta casi el final y grabando discos, como el que se editó de forma póstuma, mess of blues. 


Bien, todo eso de alguna manera no se aprecia en los recopilatorios siempre presididos por see the light o angel eyes, los directos de algún programa de la cuerda del rockpalast y hemos tenido unos cuantos en menos de diez años, el último, heal my soul, un disco de rarezas para celebrar el que habría sido su cincuenta cumpleaños quizás compensa algo ese déficit, pero no lo consigue tampoco del todo. Así que aprovecho para reivindicar a ese Jeff Healey luchador, talentoso, melómano hasta decir basta y buena persona. No hay tantos tipos que puedan colocarse en el apellido esos cuatro adjetivos. 






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